Viejo barrio que te vas, te doy mi último adiós ya no te veré más.
Así es queridos lectores, Demimurga abandona el club 25 de agosto, la que fue su casa por más de tres años. Fueron unos años hermosos, cuando no había dengue, ni crisis, ni Postinor en los bolsillos de Lugo. Extrañamente a lo que pasa con otras murgas el barrio y su gente no es motivo de nuestra partida, gente hermosa y con una paciencia digna de un monje budista o de sonidista del Pájaro Canzani. Nos vamos en forma adulta, madura y sin rencores con la gente que no deseaba que allí estuviéramos y que hizo todo lo posible para que nos fueramos, deseándoles lo mejor y simplemente que se apodere de sus cuerpos la peste bubónica, la gripe porcina y las paperas.
Como todo hijo que se separa de su pareja volvemos a nuestro regazo, a nuestro padre, a “Jano”, así que por lo menos por algunos meses estaremos en club “Apex” en la calle Irlanda frente a un Auto Service que tiene unos precios bárbaros.
Nuestro colesterol no será el mismo sin las empanadas de Carmen, nuestra conciencia estará limpia dejando dormir a Natalia y su compañero en frente, vamos a extrañar los asados de Kesman, la mano del Beto y los consejos del Melena. Pero jamás de los jamases extrañaremos esa bebida a la que el cantinero sobrevaloraba llamándola “Vino”.
Como dijo la perra Laika “Es bravo el exilio”.

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