
Cuando creíamos que este interminable carnaval había llegado a su fin, la semana antes de turismo nos llamaron para hacer una ultima actuación. Fue en el Club Arbolito, que el año anterior no nos había llevado con el argumento sumamente respetable de que preferían llevar 15 veces a la Bohemia antes que a nosotros. Lo terrible de esta actuación es que no la esperábamos, creíamos que por fin todo había terminado, que la eutanasia del almanaque había acabado con nuestro sufrimiento. Pero no, dios momo nos tenía preparada una última broma.
Días antes en el tablado Unión, muchos murguistas aprovecharon para gastar bromas a sus compañeros arriba del escenario. Bromas Light, como vaciarle una botella de dos litros de agua en la cabeza minutos antes de subir, o confesar que se estaban transando a la esposa o a alguna hermana. Nada importaba pues era el último, por fin no nos íbamos a ver más. Cada uno le dijo en la cara al de al lado lo que pensaba sobre su persona desde agosto, todo adobadito con mucho alcohol con grandes escenas de erotismo y contacto cuasi sexual. La gente abajo miraba atónita creyendo que todo era parte de una “jugada” puesta en escena.
Todo esto llevo a que el “Arbolito” sirviera de venganza para ajustar cuentas, como cuando Rambo escapa de la tortura Vietnamita e irrumpe con una bayoneta en un campo de prisioneros pasando a degüello a todo el que se le pone adelante, como cuando Abigail… bueno se entendió. Un componente armado con un perfume “Kelmax For Woman” de los que gentileza de uno de nuestros auspiciantes regalábamos en los tablados, se dedico minutos antes y durante la actuación a perfumar todos los trajes, zapatos, utilería y todo lo que se le pusiera enfrente. Obviamente el cobarde lo hizo sin que nadie se percatara, cuando la murga se paro para empezar a cantar advirtio que algo no andaba bien. Que la proporción de oxigeno en el aire era menor a la de un perfume bastante fuerte que envolvía al grupo artístico. La actuación comenzó y la gente también empezó a percibir el perfume, no había como no percibirlo. Las nauseas no podían ser controladas ni siquiera con agua, ya que esta también contenía el sutil aroma de los bosques de Versalles. Un compañero que ingirió el agua envenenada tuvo un ataque de epilepsia, no hubiera sido terrible si no fuera por que tocaba el bombo y acelero un poco la actuación. Nobleza obliga admitir que “El Epiléptico” toco mejor que nunca. El aire irrespirable, la utilería de polifon empapada de exquisito aroma. aroma que hasta hoy a pesar de todo el jabon es imposible sacarse de la piel…
en fin broche de oro para un carnaval Inolvidable!!!
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